viernes, mayo 07, 2010

La banda de Orfeo


Llevan en el alma el tatuaje característico del clan. Se los puede reconocer a la distancia. Son la banda de Orfeo, los que regresaron del reino de la muerte.

Hace tiempo, cuando comenzamos con la granja Madre Teresa, pensamos que por las dificultades que presenta la villa, lo mejor era que los pibes se internaran en camadas. La villa no parece a simple vista un buen lugar para volver. Amigos de la infancia que siguen en la misma, el barandazo en todas partes, la joda que se desquicia, los transas, la despenalización de hecho llevada al extremo. La villa es el reino de la droga, por algo todos vienen acá.

Nos preguntábamos: ¿cómo recuperarse viviendo en este contexto? ¿Adonde volver, cuando los pibes reciben el alta de una internación? ¿Qué posibilidades reales tienen de zafar? ¿Debíamos buscar viviendas fuera de la villa a todos los pibes? En algún caso, tal vez, ¿pero a todos?

Fue así como entendimos que debíamos fortalecer a los pibes. Crear una raza de mutantes que soportaran la adversidad y pudieran seguir eligiendo la vida sana, de esfuerzo, trabajo y sin drogas. Vimos claro que el eje de nuestra intervención debía ser la libertad. Iluminar para elegir. Que los pibes descubran su propia voz, y los entramados tramposos de la adicción.

Sin embargo, debía cambiar a su alrededor el mundo. No alcanzaba con que los pibes cambiaran. El paco es la marginalidad. ¿Qué posibilidades tiene un pibe de dejar la droga si después no puede conseguir trabajo, no tiene los documentos que necesita para encarar cualquier trámite, no puede acceder al sistema de salud, o no le puede dar de comer a su hijo? Hacía falta cambiar el mundo.

El paco es un nuevo rostro de la marginalidad y no alcanza con que cambie el pibe: debemos cambiar el mundo, hacerles lugar donde no lo hay. Fue así que en el Hogar de Cristo, con mucha dificultad pusimos manos a la obra. Debimos solucionar temas de vivienda, de documentación, inventar trabajos, posibilitar estudios. Pero nos quedaba algo grande, importante. ¿Cómo cambiar los vínculos? ¿Con quién se iban a relacionar los pibes que dejaban el consumo, si todo su universo seguía igual?

Entendimos que lo mejor era que los pibes se internaran en camadas, que empezaran juntos y terminaran juntos. Que aunque no todos tuvieran los mismos tiempos, había una gran riqueza en el grupo. Que el tiempo y la lucha terminaban por hacer hermanos a quienes los compartían, y que al volver a la villa eran un grupo de referencia nuevo, que estaba peleando la misma y tirando para el mismo lado.

Sembramos simplemente eso, pero cosechamos mucho más. A medida que fueron volviendo las camadas, se fue gestando una amistad linda entre los grupos y hoy estamos asistiendo al nacimiento de una nueva comunidad, los que volvieron de la muerte. Salen juntos, se acompañan, se apoyan, se dan aliento. Chicos y chicas que estuvieron tirados en los volquetes, que no eran más que el descarte de una sociedad amarreta, y que hoy son una luz brillante en medio de tanta noche.

- Padre, yo vi como estaba ese Catriel… Si el pudo yo tengo que poder – me decía un chiquito asombrado mientras le convidaba un mate cocido.

Narran los mitos que Orfeo era un músico que descendió al reino de la muerte y volvió, y al volver su canto expresaba lo más profundo de la condición humana. Canta el folklore de infinidad de casos en que los músicos descendían a la salamanca para volver cantando un canto sin igual. Cuenta la villa de una nueva raza, una raza de mutantes que descendió a los infiernos más oscuros del despojo humano, y al hallar la salida del laberinto regresó cantando. Llevan en el alma el tatuaje característico del clan. Se los puede reconocer a la distancia. Son la banda de Orfeo, los que regresaron del reino de la muerte y cuyo canto no hace más que transmitir la vida.