domingo, mayo 09, 2010

Sábado negro o resiliente

Por Hermanito (Gustavo Barreiro)

El 8 de mayo fue un día que empezó muy mal… Hablamos por teléfono con Piruka. que lloraba desconsoladamente porque perdía mucha sangre y en la Sardá confirmaron lo que temíamos, había perdido a su bebé de 3 meses… un niño deseado, al que con Antonio le estaban haciendo lugar.

Lya había pasado una buena noche con sus dos niñitos en casa de Bere, nos encontramos y me dijo: “Pablo dijo que vendría al Hurtado para hablar, pero yo no quiero volver con él… no quiero drogarme, no quiero que me pegue, no quiero que mis hijos sufran más”… esta en realidad era la situación a encaminar hoy, pero se presentaron muchas más.

En Caacupé estaba el Pollo: “Mi mujer me echo de su casa”. Pollo tenía un plan en Garín con su ex pareja y su hijita, ya llevaba bien dos meses y de repente esto… en el barrio que lo pudo durante 25 años (él consume desde niño), sin plan y en día sábado.

Fuimos juntos a buscar la trafic al chapista pero faltaba poner el tanque de combustible… “y bueno, nos arreglaremos con el taxi”, mientras pensaba eso llegó Quico, agitado, triste y desconcertado: “Pedro volvió a consumir, vamos a buscarlo que se va a hacer mierda”. No lo encontramos, lo acompañé a la casa donde su mamá y sus cuatro hermanitas lloraban: “escondan todo que va a venir a llevar la ropa buena para fisurarla”. El jueves lo habían echado indebidamente de una comunidad, el viernes la mamá había mendigado para juntar los quinientos pesos que le permitieran esperar el juicio en libertad y en recuperación y hoy estaba volviendo al consumo luego de 70 días limpio. Yo estaba animándolos cuando entró Pedro… “vi que me estaban buscando y me escondí… pero sentí la necesidad de cortarla y acá estoy”. “Preparen ropa para Pedro que se baña y se queda con nosotros en el Hogar de Cristo”…

En el taxi, Pedro lloraba y nos contaba la noche negra que había pasado y como casi lo matan en una pelea. En ese momento llama Charly: “Loly está en Caacupé, está muy puesta… su mamá está en terapia… ¿qué hacemos?”… “Ya la buscamos. Que venga al Hogar a compartir el dolor.”, dije yo e inmediatamente me di cuenta que esa era la clave del día: “compartir el dolor”.

Lidia nos avisó que su nietito de dos años no podía mantenerse en pie, que un extraño virus lo había atacado y estaban desesperados en el Hospital… Martín estaba desencajado, vestido con ropa nueva que le había comprado la mamá con su pensión del Moyano y el sábado por delante: “esta película ya la vi y cada vez termina peor” pensé. El Cuate estaba angustiado y con ganas de consumir. Jere estaba triste porque ayer se había frustrado su internación (lo discriminaron). Vico estaba mal porque le retrasaron el pago de la ayuda habitacional y por lo tanto no podía pagar la cuota de la casa, sabiendo que el antiguo dueño está amenazándola con desalojarla. Susana y su Mamá angustiadas por que no conseguían los remedios para su enfermedad (entre otras cosas, cáncer). Y de postre "Chapita" que sigue en calle con su embarazo de 5 meses, con todas la enfermedades posibles, que debía comer lo mejor posible y tomar el antibiótico.

Un panorama negro… muy negro. Y juntos lo fuimos enfrentado…

L.G. con su hijitas y Simón, acompañaron a la Hiena con su hijito a pasear por la Costanera para gambetear la tristeza que le produce estar separado de su mujer. Gaby llevó a pasear a Bere que de a poquito va superando la pérdida de su bebé y va haciendo el duelo, largamente reprimido, por la muerte de su padre. Luís fue con Reinaldo y Nicole a trabajar al taller textil, mientras Jonás se quedaba a cargo del pequeño Laucha y terminaban bien una semana difícil para la pareja. Finalmente Antonio y Mara fueron a ver a Piruka que salía de la sala de partos…

Con el resto hicimos un grupo largo y resiliente… es que juntos tenemos esa capacidad de compartir el barro en oro y lo muerto en vida… compartiendo el dolor lo achicamos y comunicando la alegría la agrandamos. Así nadie pierde, todos ganamos… y eso sucedió.

Poco a poco cada uno fue diciendo su dolor, y todos escuchábamos con empatía, con respeto, con cariño y con ganas de aportar algo… Julieta nos recordó esto de la resiliencia y la mamá de Susana nos contó algo que fue muy decidor para ese momento. Ella hace casi dos años cuando se enteró de su cáncer, se apartó de sus hijos para no transmitirles el dolor. Ese dolor que se tragó sola, la puso peor y a los chicos que se sintieron “abandonados” y sin la oportunidad de ayudar a su mamá, los llevó a consumir.

Hoy probamos que de las nubes más oscuras, sale el agüita más clara… lloramos mucho y esas lágrimas compartidas en el Hogar de Cristo, nos limpiaron los ojos y nos dejaron ver con claridad… nos fuimos a casa contentos, dando gracias a Dios y con ganas de dar, de ayudar, de amar como somos amados."