jueves, junio 03, 2010

Sean eternos los laureles


Era el 26 de Mayo, a las 19 hs. Yo estaba en la Parroquia, de guardia, atendiendo la interminable cola de todos los días, y preparándome para la misa que debía celebrar a las 7 y media. Atendí el teléfono a las apuradas, como siempre, sin saber que era la misma Patria la que estaba llamando. Me explico. Llamaban de la Escuela de Aldo y a decir verdad me asusté un poco.
Aldo es un pibe que conocimos hace un año, vivía en la calle, estaba día y noche con el Paco. Para buscar refugio, paraba a veces en la casa del transa, y fue el mismo transa el que al verlo tan mal le decía que para recuperarse viviera a la Iglesia. Recorrió los caminos del ambulatorio, luego se desintoxicó en la granja, y ahora está viviendo en el Hogar Hermana Pilar, una casa de medio camino que tenemos en la villa para que vivan los chicos que vuelven de la granja y deben consolidar su recuperación.
Está participando del taller de imprenta, aprendiendo un oficio, y terminando la primaria. Por eso es común que algunas noches venga contento, a mostrar los “muy bien” o los “excelente” que le ponen sus maestras. Es lindo verlo, porque ya es mayor y vive la escuela con la misma intensidad que un chico. Me trae la carpeta, me muestra lo que hizo, me cuenta que lo felicitan… A veces pienso que volvió a encontrar una infancia que le había sido robada.
Esa tarde me llamaron de la escuela, y yo me asusté. Tal vez son los reflejos o la costumbre de pensar que todo tiene que salir mal. En este tema sabemos todos que no son pocas las posibilidades de fracaso. Sin embargo no era así. La directora me avisaba que Aldo estaba por ser abanderado en el acto escolar, y me invitaba a participar.
¿Cómo no iba a ir? Llamé a Facundo para que me reemplazara en la misa de la tarde y salí corriendo para la escuela. Llegué justo antes de que empezara.
A decir verdad, en el acto quedaba de manifiesto la pobreza del sistema escolar. Los docentes no podían con los recursos técnicos modernos, los discursos patrios eran pobres y poco claros. Pero algo era incontestable, en la escuela había lugar para un pibe que venía de vivir en la calle y la destrucción del Paco.
Me fui emocionado por la escuela y por Aldo. Hace poco, el día del Padre Carlos Mujica, los curas de las villas presentábamos un documento en el que decíamos que el Bicentenario nos debía agarrar trabajando por la inserción. Falta mucho, muchísimo. Pero parece que Dios quiso darnos aliento en un momento tan significativo como el Bicentenario.